Nuestro refranero es sabio y tiene un dicho que dice que “más vale prevenir que curar”.

En el ámbito jurídico, ello se traduce en que es mejor un buen asesoramiento previo que en un pleito posterior.

Como abogados, estamos acostumbrados a que la gente acuda a nosotros cuando ya existe el problema o, incluso, cuando ya se ha iniciado el pleito. El problema es que cuando esto pasa, muchas veces, el problema no tiene solución o la solución es mucho más complicada de alcanzar.

Lo que algunos han llamado como abogacía preventiva puede evitar pleitos y, desde ese punto de vista, o debe ser considerado como un gasto, sino como una inversión.

La gente debe acostumbrarse a acudir al abogado cuando negocia un contrato, no cuando surge el  conflicto.  En muchas ocasiones una buena redacción del contrato, puede evitar el nacimiento del conflicto, al estar todo claro.

En muchas otras ocasiones, la inclusión de ciertas cláusulas nos puede facilitar muchísimo el reclamar el cumplimiento de lo pactado o el resarcimiento por dicho incumplimiento.

Cláusulas penales fijando indemnizaciones para caso de incumplimiento, cláusulas de reserva de dominio o cláusulas de vencimiento anticipado, entre otras, nos pueden facilitar mucho la vida.

Pongámonos en que se traspasa una licencia para ejercer una actividad mediante una venta a plazos. La empresa que adquiere la licencia va pagando los primeros plazos, pero llega un momento que deja de pagar. Cuando se va a ejecutar se comprueba que dicha empresa es insolvente y que la licencia ya no consta en su poder. El cobro de la cantidad que se le adeuda, sin perjuicio del ejercicio posibles acciones penales por un alzamiento de bienes, o de acciones de extensión de la responsabilidad civil a los administradores o a los socios, se tornará complicada.

Si en cambio se hubiera realizado una reserva de dominio y se hubiese inscrito en el Registro correspondiente, el vendedor podría recuperar su licencia.

También es importante asesorarse ante de tomar decisiones en el ámbito laboral para no tomar decisiones equivocadas. En muchas ocasiones, ante el impago de su salario o ante una situación de acoso laboral, el trabajador solicita una baja voluntaria, cuando podría solicitar la extinción indemnizada del contrato de trabajo con derecho a paro.

No son pocas las ocasiones en que ha acudido a nosotros un trabajador diciendo que meditaba presentar la baja voluntaria ante un cambio de condiciones de trabajo, cuando la legislación prevé la posibilidad de que extinga el contrato de trabajo con una indemnización de 20 días de salario por año de trabajo y con derecho a desempleo.

¿Cuántos trabajadores piden una excedencia voluntaria pensando equivocadamente que tienen un derecho absoluto a recuperar su puesto de trabajo tras la misma? ¿Cuántos trabajadores piensan que su contrato temporal es válido cuando en realidad está celebrado en fraude de ley y debería ser considerado como indefinido?

Y, desde luego, desde el punto de vista del empresario, gozar de un buen asesoramiento jurídico es esencial para llevar a buen puerto la actividad empresarial.

En primer lugar, un buen asesoramiento jurídico permitirá al empresario evitar responsabilidades de todo tipo por infracción de las diferentes normas de nuestro ordenamiento jurídico que éste puede no conocer.

En segundo lugar, el asesoramiento por parte de un experto le puede permitir utilizar todas las herramientas que le ofrece nuestro ordenamiento para ejercer con solvencia su actividad empresarial, optimizando sus recursos al máximo.

Por todas estas razones, y algunas más que nos hemos dejado en el tintero, un buen asesoramiento no debe considerarse como un gasto, sino como una inversión.

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